En la cárcel con Videla por José Gobello


Un excelente testimonio del Teniente General Jorge Rafael Videla recogido por su amigo, el escritor José Gobello de su malogrado libro “En la cárcel con Videla” que estaba compuesto por once entrevistas concedidas al autor en el penal de Magdalena durante el años 1989.

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Un excelente testimonio del Teniente General Jorge Rafael Videla recogido por su amigo, el escritor José Gobello de su malogrado libro “En la cárcel con Videla” que estaba compuesto por once entrevistas concedidas al autor en el penal de Magdalena durante el años 1989, párrafos, según aclara el autor “salvados de la destrucción” (Libro Fuera de contexto Tomo 1- Editorial subterránea-. (Páginas 351/354).

Un envío de Eduardo Palacios Molina

Opus 76
En la cárcel con Videla

Gobello: Creo que sería interesante publicar una nómina de los dirigentes terroristas con indicación del establecimiento en que se educaron y de las asociaciones a las que pertenecieron. Tal vez eso nos ayudaría a determinar quiénes son los que deben arrepentirse. Aquí nadie se arrepiente de nada ¿Se arrepintió Aráoz de haber actuado en el copamiento de La Calera? Lo amnistiaron sin que se arrepintiera y sin que se arrepintiera lo hizo Menem secretario de Energía.

Videla: Ud sabe que se está mezclando los tantos, desde luego en forma interesada. Una cosa es el perdón previsto por la Constitución, que se otorga a través de la facultad de indultar, de la que esta investido el presidente, y otra cosa es el perdón que los católicos obtenemos por medio del sacramento de la reconciliación. Este perdón exige el examen de conciencia, la confesión de los pecados, el acto de contrición o de atrición y el firme propósito de enmienda. Pero esto no quiere decir que para lograr el perdón jurídico, el perdón constitucional, un ciudadano deba recorrer ese camino. El presidente que indulta no es el sacerdote que absuelve.

Gobello: Clarísimo, General, Me explico que no lo entendía Sábato, que debe ser agnóstico o algo por el estilo… ¡Pero monseñor Hesayne!

Videla: Lo saben, Gobello, lo saben. Lo que ocurre es que la izquierda, mejor dicho eso que usted llama paraterrorismo, se vale de esa confusión malévola para lograr de nosotros un acto de humillación en la plaza pública.

Gobello: Monseñor Hesayne no es Gregorio VII ni usted es Enrique V, de modo que no lo veo viajando a Viedma cubierto de ceniza…

Videla: Al respecto, puedo contarle una anécdota. Es una oportunidad, con un criterio estrecho sobre la caridad, y poniendo en duda lo infinito de la misericordia divina, monseñor Hesayne expresó que a mí ni Dios podía perdonarme y que, en lo que de él dependiera, impediría mi entrada en los tempos de su diócesis y me negaría la administración de los sacramentos, decretando una suerte de excomunión contra mí.
Sucedió que, habiendo dejado ya la presidencia, viajé a Bariloche para visitar a uno de nuestros hijos, que prestaba servicios en esa guarnición militar.
Llegado el día domingo, como es mi costumbre, concurrí a misa acompañado por mi familia. Ese mismo día, culminando una visita pastoral, Monseñor Hesayne estaba en Bariloche y oficiaba la misa a la que yo concurriría, sin que cada uno conociera la presencia del otro.
Cuando llegó el momento de la comunión, me incorporé en la procesión y me dirigí hacia el altar. Mientras caminaba iba pensando cual sería la actitud del oficiante al momento de enfrentarnos. Estaba en esas cavilaciones, cuando, de repente, se apagaron las luces del templo y, a la tenue luz de una vela, se siguió distribuyendo la comunión. Al llegar de regreso a mi asiento, las luces volvieron a encenderse.
Indudablemente, por encima de la voluntad de monseñor Hesayne había otra Voluntad, que no deseaba privarme de mi encuentro con Él en la Eucaristía.
Yo no tengo porque estar arrepentido ni hacer propósito de enmienda porque todo me esta indicado que lo pasado se puede repetir en cualquier momento. ¿Y a título de qué las Fuerzas Armadas van arrepentirse de haber luchado contra la subversión y de haberla derrotado, si tal vez mañana mismo van a ser llevadas nuevamente al combate; si cualquier día se les va a exigir que vuelvan a pelear, en función de su misión específica, que es la de defender a la Patria?

Gobello: Alguna vez, a raíz de una actitud que monseñor Nevares había tenido para con el jefe de la guarnición de Neuquén- creo que con el coronel Buasso-, escribí: “Todo lo que ayuda al enemigo es traición”. Yo lo llamo paraterrorismo a todo lo que ayuda al terrorismo, a todo lo que marcha paralelamente con él, no importa si deliberadamente o no. Y el que exige a las fuerzas de la República una completa asepsia metodológica, ayuda al enemigo.
El coronel Abel U de la Vega, en su libro “Espejismo y realidades” en torno a la contraguerra revolucionaria argentina, dice que el ejemplo de Cuba y las campañas del Che sirvieron para despertar el delirio mesiánico de los jóvenes resentidos. Se trataba de pasar a ser personaje de leyenda sin tener ningún talento especial. Lo único que se necesitaba era sangre fría para cometer crímenes a mansalva. Quizá esta apreciación del Coronel de la Vega pueda parecer ingenua, sin embargo, le aseguro que corresponde perfectamente a mi amigo Masetti, a quién siempre recuerdo con cariño. Masetti, a los veinte años, quería hacer algo importante y no sabía qué. Creo que tanto le habría dado una cosa como otra. Lo mismo podría decirse de algunos jóvenes que tuve ocasión de tratar y que terminaron virando a la izquierda. De todos modos, ¿el Proceso investigó como fue posible capitalizar políticamente, en tamaña medida, las frustraciones y las expectativas de los jóvenes?

Videla: No, realmente no hicimos un estudio para determinar el factor desencadenante de la explosión terrorista. Pero fue, sin duda, un fenómeno muy complejo. La propia Iglesia sufrió, en aquellos momentos, una crisis doctrinal que aún no ha sido superada. La famosa teología de la liberación y el movimiento de sacerdotes del tercer mundo sembraron una gran confusión en muchos chicos idealistas que no ven en el sacerdote un apóstol sino un asistente social.

Gobello: Trataba de llegar a ésos, General, porque, si no la Iglesia, por lo menos algunos sacerdotes que anduvieron en estas cosas, deberían estar pidiendo perdón y arrepintiéndose públicamente, como monseñor Hesayne quiere que hagan ustedes. Yo creo que algunos sectores del clero tuvieron no solo responsabilidad, sino también protagonismo en aquella confusión que llevó a cambiar el hisopo por la metralleta. No cabe duda de que algunos establecimientos educativos de las congregaciones religiosas se desarrolló una acción deletérea. No habrá venido mal que la Iglesia lo reconociera…

Videla: La Iglesia, su parte humana, puede tener sus errores y creo que en lo que concierne a la guerra antisubversiva los ha tendido. Usted pregunta por qué no lo reconoce. Sin embargo, en alguna medida los ha reconocido; tal vez no expresamente, pero vea la teología de la liberación, que dio origen a tantas confusiones y a tantos malentendido ha sido expresamente condenada por Juan Pablo II en Puebla.

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