Persecución

Conozco sólo de vista al General Verplaetsen, pero pienso que mantener encarcelado y lejos de su familia a este anciano enfermo es una prueba cabal de la persecución ideológica a que son sometidos los militares que enfrentaron el terrorismo marxista.

Por Carlos L. Bosch (Abogado)

El General Verplaetsen, detenido en la prisión de Marcos Paz, tiene 83 años y padece Alzheimer avanzado. Está allí por orden del tribunal oral federal Nº 1 de San Martín, presidido por la doctora Larrandart, quien ha dicho que este anciano “está mejor atendido en la prisión que en su casa”.

Para ir a las audiencias lo obligan a levantarse a las cuatro de la mañana en Marcos Paz y, llegado al tribunal, debe esperar en una pequeña celda sin atención alguna y con un baño en estado tan asqueroso que los familiares deben ir a limpiarlo.

El General no puede valerse por sí mismo, no sabe dónde está ni por qué, se saltea comidas y las que recibe de la familia -las del penal son incomibles- se pudren en su celda porque olvida ponerlas en la heladera general.

No puede seguir coherentemente una conversación; repite infinidad de veces lo que acaba de decir; a cada rato quiere irse del penal, olvidando su estado; se niega a los tratamientos médicos, etcétera.

Conozco sólo de vista al General, pero pienso que mantener encarcelado y lejos de su familia a este anciano enfermo que ni siquiera está condenado es una prueba cabal de la persecución ideológica a que son sometidos los militares que enfrentaron el terrorismo marxista.”

 

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