Disenso. ¿En orden a la unidad nacional?

Las opiniones que al final del comentario se publican fueron posteadas en el diario La Voz de Córdoba en el correo de lectores.
Hace seis años nunca habrían sido escritas. ¿Qué pasó?

Sin realizar un juicio de valor solamente advertimos que tras el proceso de pacificación llevado a cabo por el gobierno peronista de Carlos Menem la comunidad nacional había aprendido a convivir en el disenso.
Desde visiones diferentes y sin perder identidad, los bandos otrora contendientes se otorgaron mutuamente espacios comunes para compartir, reconociendo errores algunos de sus miembros y admitiendo casi todos que la Argentina posible no debía retroceder en el tiempo y sí mirar hacia delante. Después de todo la Nación es una sumatoria de diversos: San Martín, Dorrego, Rosas con Sarmiento, Mitre y Urquiza; el Chacho con Felipe Varela y el Manco Paz; Irigoyen, Perón, Sabatini, Balbín y Alfonsín; Menem, Reutemann, De la Rúa y Duhalde. Hasta Kirchner.
Allí está el punto de inflexión.

La Argentina que marchaba hacia la paz interior y la respetabilidad mundial se transformó en un caos impresentable en el cual el odio irracional se reinstaló en las políticas de gobierno. El resultado está a la vista y es previsible lo que vendrá.
Nuevamente despertaron las ansias de revancha. Unas ya están activas, otras en potencia. ¿Hasta dónde llegarán? ¿Cuáles serán las expresiones cercanas de este paroxismo al que nos llevó el modelo K?

La violencia en las calles, en las escuelas, en la familia y por ende en la comunidad nacional no auguran un futuro grato. La tensión crece a medida que el kirchnerismo se bate en retirada; el Congreso solamente en ocasiones muy contadas es capaz de enfrentarlo y si la Justicia es incapaz de cumplir con su función superando la presión del Ejecutivo, la solución definitiva queda en manos del pueblo el que puede encontrarla pacíficamente o a la manera violenta en que se lo plantea el Gobierno.

Lo que nadie debe olvidar es que solamente desde las instituciones de la República es legal el uso de la fuerza para ordenar el conjunto y que si estas la ejercen obedeciendo ordenes del poder político elegido por la gran mayoría del pueblo, no cabe reproche alguno a su accionar aún cuando pueda haber excesos de violencia, que en la guerra nadie dispara cartuchos con agua bendita.
Como también que a la fuerza del Estado no es lícito usarla por fuera del orden constitucional.
Pero eso fue lo que pasó, desde ambos bandos en guerra se superó la ética pública, los unos desde el terrorismo apátrida y los otros conculcando los derechos cívicos. Pero pasó.
Lo malo de estos tiempos es que la furia rebota como pelota en juego y ya está llegando a las manos del oponente. Es el boomerang kirchnerista. Esto está pasando.

Hoy como ayer podemos decir que “la violencia de arriba engendra la violencia de abajo.”

Los comentarios de lectores:

Las tentaciones de la venganza (15.5.2009)

Normalmente, el ser humano llama justicia a la venganza. Tan inalcanzable la primera para el hombre y tan tentadora en determinados casos la segunda. Pero el desafío radica en no ser iguales, no parecerse jamás a los chacales.

Viví en el corazón del genocidio en los aciagos días –Tucumán– cuando el Ejército Argentino nos hizo sufrir una murga siniestra de sangre y desaparecidos. Cobardes despreciables, capaces de las más viles bajezas humanas. Banalizaron el mal y fueron peores que los carniceros nazis: nunca asomó el arrepentimiento a sus almas lóbregas.

Por eso la prisión domiciliaria para cobardes genocidas como Menéndez y Bussi se transforma en una afrenta intolerable para la República que, vejada, torturada y desaparecida, tiembla en un rincón húmedo de las innumerables e inolvidables mazmorras con las que sembraron la Patria de terror y espanto.

Quiero, deseo y exijo cárcel real y perpetua a los cobardes genocidas.

Luis Eduardo Foá Torres

Defensores del país (15.5.2009)

Es muy importante que se le conceda la prisión domiciliaria a quienes hoy sufren injustamente en Bouwer. Ellos tienen más de 70 años y deberían estar ya hace mucho tiempo en sus respectivas casas. Pero como es de público conocimiento, esta venganza encabezada por los terroristas de los años ’70 no tiene fin; quieren acabar con el personal militar y de fuerzas de seguridad que defendieron al país del terrorismo marxista.

Es hora de que el Poder Judicial muestre autonomía y respete la Constitución Nacional.

Patricio Alsina

Por la cárcel común (15.5.2009)

¿Quién es el terrorista? ¿El secuestrado o el secuestrador? ¿El torturado o el inhumano torturador que descarga su bestialidad sobre una mujer embarazada?

¿Por qué beneficiar a Menéndez y sus secuaces con el arresto domiciliario? ¿Por qué este premio inmerecido a quienes ni siquiera han tenido el pudor y la mínima conciencia de arrepentimiento, el mínimo gesto humanitario?

Para que el compromiso que los jueces asumieron una vez con la Justicia y la paz no se desperdicie, para que millones de argentinos no se avergüencen de sus jueces, es imprescindible y vital que con firmeza y valentía digamos no a tal medida. Triste sería comprobar que la Justicia, como la serpiente, solo muerde a los descalzos. Cárcel común y efectiva a los genocidas.

José A. Battellino

Rumbo al bronce (15.5.2009)

Como familiar de un preso político, pero sobre todo como ciudadano argentino, me formé sobre la situación judicial ilegal a la que son sometidos muchos de nuestros compatriotas.

Son justamente aquellos argentinos que otrora nos defendieran de la agresión interna financiada por potencias extranjeras, y que a mi juicio deberían tener sus bustos tallados en monumentos en las plazas en vez de estar privados de su libertad.

Son los que sufren el injusto sometimiento al poder político de turno que dispone de sus vidas violando los más elementales principios del derecho. Entre otras cosas, estos hombres son los que con su lucha han permitido que exista una prensa independiente, una prensa que no esté atada de pies y manos a lo que los amigos del poder permiten o no permiten publicar.

Porque así lo marca la ley, porque hay un fallo reciente que lo ratifica y por muchísimo más, es que considero que el general Luciano Benjamín Menéndez y los suboficiales Luis Manzanelli y Carlos Alberto Vega deben “gozar” de la prisión domiciliaria.

Martín H. Menéndez (h)

Presos políticos (15.5.2009)

Estoy convencido de que no debe haber ninguna clase de prisión para los presos políticos. Deben estar en absoluta libertad. Si aceptamos la existencia de esta clase de persecución por pensar distinto, se acabó la democracia.

Teniente coronel José Lavori

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