Carta a Diego, detenido y prisionero politico en el S.P.F.

No entiendo como no entienden cada uno de los estupidos que te acusan, que obedecer era irresistible, pero que ademas sabiamos cual era el enemigo. ¿Estos estupidos serian hoy abogados, fiscales, periodistas, politicos, si no fuera por tu sacrificio y el de muchos que hoy estan prisioneros igual que vos?

Por Nelson David Cremades

Te escribo estas líneas, porque se que van a llegar de alguna manera, por dos razones: porque eres mi camarada y porque te debo un gran servicio a mi Patria.

Como camarada, te debo los recuerdos de los mejores días, aquellos de la escuela de cadetes, pero también de aquellos en que la historia nos alcanzó sin que lo pidiéramos.

No tuve la oportunidad de ser elegido para otras tareas que las que me asignó la superioridad, pero vos tampoco pudiste elegir, te ordenaron cumplir y cumpliste con cada una de las tareas del servicio que recibiste y tu legajo lo refleja claramente.

No entiendo porque hoy estás prisionero y yo libre, si pensábamos lo mismo, vos, yo y todos los oficiales de nuestra generación.

Creo que el destino te puso en el camino esta tremenda prueba. ¿O alguien puede pensar que tenías alguna posibilidad de oponerte a la orden escrita de tus legítimos y legales jefes? Yo se que no, teníamos 25 años y dos estrellitas sobre los hombros, éramos incapaces de formar la voluntad del Estado, tan sólo éramos dos orgullosos Oficiales que teníamos la responsabilidad de defender al Servicio y con ello al Estado y con ello a nuestra Patria.

No entiendo cómo no entienden cada uno de los estúpidos que te acusan, que obedecer era irresistible, pero que además sabíamos cual era el enemigo. ¿Estos estúpidos, serían hoy, abogados, fiscales, periodistas, políticos, si no fuera por tu sacrificio y el de muchos que hoy están prisioneros igual que vos?

Cuando hoy te visito en la prisión, creo que estoy soñando. Una persona de bien como vos, al que quieren convencer de su propia culpabilidad, aquellos por los que te hubieras jugado el pellejo para salvarlos del delito o protegerle su libertad.

¿No es una ironía? Que aquellos por los que luchaste desde tu puesto, hoy crean que no debías haber hecho nada, que debías haber dejado pasar a la guerrilla subversiva para que nos transformaran en la maldita Cuba de Castro (pobre pueblo cubano). Es una burla del destino haber sido derrotados, vos, yo y los que nos mandaban, por una fuerza superior: la del entrismo político y la relatividad moral de nuestro pueblo al que tanto queríamos.

Amo mi Patria y los símbolos de su existencia, pero ya no quiero a los argentinos, porque son otros, son extranjeros sin códigos ni tradiciones.

Estamos dominados por una fuerza de ocupación, y tu injusta prisión lo demuestra.

Tomaron el poder con cuanta artimaña tuvieron a mano y desde allí generaron una nueva casta de descastados, donde la familia, la iglesia y la milicia son mal vistos.

Los extranjeros que hoy se llaman argentinos tienen en sus casas más banderas de River, Boca u otro equipo, que banderas argentinas. Estos extraños no hacen las cosas por un sagrado Deber, lo hacen tan sólo por dinero. Son personitas adheridas a un celular cuya máxima preocupación es ¡No tengo crédito!

Estamos rodeados de pequeños monstruos que votan para autoeliminarse y enriquecer a una minoría llamada “clase política”, clase ésta, que es la mayor creadora de pobreza de nuestra historia.

Lamento decirte, que no te ven como una persona llena de honor y de ideales sanos, te perciben como una cosa de la que van a sacar provecho político y económico. Sos su discurso y tenerte detenido, su salvoconducto de ascenso.

Nosotros, los que te queremos, los que entendemos lo que pasó, por haberlo vivido, somos la facción.

No descansaré hasta verte en libertad, porque tu prisión es como la vergüenza de vivir la libertad mía.

No se que esperan, que no vienen por mi, ahora que estoy veterano y ya no emboco un cohetazo a una moneda, ahora que no fracturo de un golpe ni un pan de manteca.

Las fuerzas de ocupación, deberán ponernos en prisión a todos nosotros, de tal modo que refundemos en los campos de concentración, nuestra Argentina, aquella del orden, del respeto de la ética y la lealtad.

Te cuento que muchos de los nuestros sufrieron la metamorfosis de Kafka y hoy son monstruitos que no tienen empacho en apuntarte con el dedo, muchos de los que comían a tu mesa y a la mía, son trasformers donde lo único parecido es el uniforme que vestíamos.

Te repito, no descansaré.

Contá con ese sentimiento cada día, ya hay un murmullo que se hará grito.

¡Libertad a los presos políticos!

Alcaide (R) Nelson David Cremades

PD: hacele extensivo un abrazo a los suboficiales detenidos, que son el hilo mas delgado y no merecieron nunca enfrentar esta maldita situación

 

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